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En nombre de mi madre

ISBN: 978-84-943689-9-8
Formato: 15x24
Nº de páginas: 204
Encuadernación: Rústica con solapa
PVP: 16,00 €

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Prensa

Hubo un tiempo, no muy lejano, años 60, 70 y 80 del siglo XX, tal vez cuando tú naciste, que en este país, que ya entonces empezaba a presumir de civilización, modernidad y democracia, continuaban sucediendo aberraciones que venían de la más oscura noche de los tiempos: el robo y mercado de criaturas recién nacidas.

Hubo un tiempo, no muy lejano, años 60, 70 y 80 del siglo XX, tal vez cuando tú naciste, que en este país, que ya entonces empezaba a presumir de civilización, modernidad y democracia, continuaban sucediendo aberraciones que venían de la más oscura noche de los tiempos: el robo y mercado de criaturas recién nacidas.

En nombre de mi madre es una novela, sí, pero sólo por el hecho de que los nombres de quienes salen en ella, sustituyen a los verdaderos de quienes fueron protagonistas y testigos de los hechos. En todo lo demás, es una crónica fiel de lo que le sucedió a una adolescente enamorada.

El libro, escrito con un lenguaje certero y sin pelos en la lengua, nos adentra en el sentimiento y en los avernos por los que tuvo que transitar esta mujer, ejemplo de otros miles de casos semejantes en España.

(..) Nada de apegos me dijeron. Mi hijo no me pertenecía y por tanto no querían consentir que pensara en una mínima posibilidad de ver su carita o tomarle un ápice de cariño.

Los dolores empezaron hacia el amanecer. A mi habitación llegó una corte de personal dispuesta a que todo saliera perfecto. Me llevaron a una sala azulejada donde predominaba el blanco níveo. Fría. Impoluta. Estremecedora. Me tumbaron en una camilla, colocaron una sábana por encima para cubrir parte de mi cuerpo y cerré los ojos. Los dolores cada vez más seguidos y más intensos, hacían que me agarrara fuerte de la ropa que forraba el colchón y creo que por primera y única vez desde que ingresé allí, recé de corazón. Recé para que se acabara pronto.

(…) Te ruego que no me juzgues sin saber. Lo firmé obligada. Abandonar o perder un hijo es la experiencia más dolorosa que una madre pueda tener. Y no, no la he buscado. Creí que no tenía derecho de reclamar algo a lo que renuncié y que le pertenecía a otras personas. Mi vida no ha sido fácil. He pasado de decepción en decepción y me espantaba tener una más.


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