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Acebedo en la memoria

ISBN: 978-84-942791-2-6
Formato: 21 x 29
Encuadernación: Tapa dura
PVP: 25,00 €

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Prensa

Estamos en la cultura de la imagen: el presente libro contiene centenares de fotos que documentan y narran sin palabras la historia chica de la Villa de Acebedo en el pasado siglo XX, con imágenes verídicas de las personas, los sucesos, los paisajes, la vida en marcha.

A modo de presentación

 

Este libro está compuesto, sobre todo, por fotografías recogidas en el pueblo de Acebedo durante los últimos años. Algunas de ellas han formado parte de las ocho exposiciones de fotos antiguas que se han celebrado en el pueblo y fueron prestadas voluntariamente por sus dueños.

Las fotos, muchas veces en precarias condiciones de conservación, aportan información muy valiosa sobre sus protagonistas, cómo eran, cómo vestían, cómo trabajaban, cómo se divertían… También reflejan las fotos, de manera fidedigna, la apariencia que tenían las calles, rincones y casas de la villa, algunas de ellas, hoy desaparecidas.

Para captar el mensaje que contienen, el lector no tiene más que buscar un lugar tranquilo y observar con detenimiento. Y pensar, y dejar volar su imaginación…

Una imagen vale más que mil palabras, dice el dicho popular. Nunca estará mejor aplicado. El lector encontrará en las fotos significativos detalles y apuntes sobre los cambios que se han producido en Acebedo desde principios del siglo XX hasta los años setenta. Retazos del tiempo que quedaron para siempre grabados en las retinas de las viejas y primitivas cámaras fotográficas.

En sus inicios se consideró al retrato como el fin primordial de la fotografía y esa es la causa de que, en las fotos de la primera mitad del siglo, el motivo principal sean las personas. Eran tiempos en los que acudir a un estudio fotográfico suponía todo un acontecimiento que exigía vestirse con las mejores galas.

El principal valor documental de este libro es que contiene las primeras fotografías de la historia de Acebedo, que las familias guardan como un tesoro, la mayoría de las veces, legado por sus padres o abuelos. Sí, esas fotos que en todas las casas se guardaban, y se siguen guardando, en una caja y que tan agradables momentos nos proporcionaban cuando la caja bajaba de lo alto del armario a encima de la mesa. Esas fotos que siempre veíamos en compañía de nuestros mayores y que mirábamos tratando de identificar a las personas que aparecían en las imágenes al tiempo que escuchábamos su historia y las anécdotas que provocaba su recuerdo.

Hasta mediado el siglo XX, para la gran mayoría de la población, la fotografía fue una actividad casi misteriosa, reservada a una élite intelectual, privilegiada y muy minoritaria. Hacer fotografías como fotógrafo aficionado era un privilegio y revelarlas uno mismo, era todo un reto económico, cultural y de información. Por este motivo, salvo raras excepciones, los aficionados a la fotografía son personas pertenecientes a las clases económicamente altas, que disponían de recursos suficientes para costearse equipos y consumibles.

Muchos de estos primeros aficionados que se iniciaron en la fotografía, acabaron dedicándose profesionalmente a ello. Hay que tener en cuenta que hasta 1950, no aparecen las primeras tiendas de fotografía que, además de ofrecer cámaras y accesorios, ofrecen también el revelado. No será hasta los años setenta cuando empiece a generalizarse el uso de las cámaras de fotos entre el público en general.

Además de las fotos sacadas por aficionados, el libro contiene también un buen número de imágenes captadas por fotógrafos ambulantes que recorrían los pueblos coincidiendo con las fiestas patronales, romerías y ferias, retratando a la gente para venderles la foto "al minuto". El tema habitual es el retrato individual o de grupo y el revelado se realiza al momento, en una cubeta colgada de la cámara.

Estos fotógrafos también eran llamados para inmortalizar acontecimientos excepcionales como lo eran las celebraciones de bodas y comuniones. También se acostumbraba a retratar cada año a los niños asistentes a la escuela.

La incorporación, en el año 1951, de la foto en el Documento Nacional de Identidad motivó que fotografiarse fuera obligatorio. Esta exigencia supuso una nueva fuente de ingresos para los estudios fotográficos, los ambulantes y hasta para los "minuteros". En sus inicios, para hacer el DNI, la policía se desplazaba a los pueblos, poniéndose de acuerdo con los fotógrafos de la zona. La foto se hace con una sábana de fondo en el estudio del profesional o en el domicilio del "modelo".

En este libro adquieren un notorio protagonismo fotográfico dos personajes por derecho propio: D. José Ramón Lueje Sánchez, personalidad de primer orden en cuanto a estudios de la montaña cantábrica se refiere y D. José Luis Martín Galindo, archivero y bibliotecario de profesión, pero sobre todo, y por formación, Geógrafo e Historiador. La aportación de sus excelentes fotografías proporciona a esta obra un realismo y una veracidad fuera de toda duda. Sin estas aportaciones este libro no hubiera sido lo mismo.

A los dos anteriores hay que añadir el nombre de D. Eulogio Castaño, fotógrafo local y pionero de la fotografía en Acebedo, autor de muchas de las fotos que ilustran este libro, si bien, por diferentes circunstancias, no nos es posible atribuirle fotografías concretas, aunque podrían ser una buena parte de las que pueblan el libro.

Entre los retratos de este libro, seguro que habrá un buen número de ellos sacados por D. Primo Fernández Fernández. Además de fotógrafo, "Primo el de Riaño" era relojero, reparaba y alquilaba bicicletas y regentaba el "Cine París", cuyas butacas se instalaron en la iglesia de Acebedo poco antes de que se derribaran los edificios de Riaño y se cerraran las compuertas del pantano. Además de sacar fotos y revelarlas en su casa de Riaño, Primo no dudaba en desplazarse por los pueblos del contorno cuando la ocasión lo requería.

No podía quedar en el olvido en este libro la Maestra, Doña Amelia Rabanal López, protagonista importante de la vida en Acebedo en la primera mitad del siglo XX. Tomó posesión de la escuela de Acebedo el 11 de octubre de 1898. Especial agradecimiento a D. Inocencio Álvarez Lavín, "Chencho", como ella le llamaba, que guarda con rigor y entusiasmo todo lo concerniente a su abuela y ha sido quien ha facilitado todos los datos que aparecen en este libro, referidos a la ilustre vecina y maestra que fue de Acebedo durante 44 años seguidos. Desde 1898 hasta 1942.

Además de estos personajes nombrados más arriba, se cuenta en este modesto trabajo el devenir del pueblo de Acebedo en el siglo XX a través de fotografías de sus habitantes y diferentes panorámicas que indican como fue evolucionando el pueblo a lo largo del siglo pasado. Una villa con historia en la Montaña Oriental Leonesa, que puede presumir de las Ordenanzas más antiguas de toda la comarca, que datan de 1623. Unas Ordenanzas que reglamentaban de manera efectiva la vida en el pueblo y cuyos vecinos basaban su convivencia en la obediencia a las normas establecidas, en el respeto a los demás y a sus propiedades y en la gran solidaridad que reinaba entre ellos.

Acebedo, entonces, era uno más entre los muchos y hermosos pueblos y villas repartidos a lo largo y ancho de la gran Cordillera Cantábrica, en su región oriental y en su vertiente sur. Unos pueblos que un día fueron grandes y prósperos, donde la vida fluía con placidez y concordia, a pesar de tener una delicada economía de supervivencia que, a la larga, terminó por hacer estallar el fenómeno de la diáspora, que ya había comenzado a principios de siglo con la emigración de muchos acebedenses a tierras americanas. Pero el fenómeno de la emigración explotó definitivamente pasados los años sesenta dejando a los pueblos de toda la comarca sumidos en una profunda decadencia de la que nunca han vuelto a recuperarse. Acebedo no fue una excepción.

Hoy, en los albores del siglo XXI, el pueblo de Acebedo sufre los mismos latigazos que castigan sin piedad al resto de los pueblos montañeses: fuerte emigración a núcleos de población más grandes y envejecimiento de la población. Ello trae como consecuencia una gran disminución de habitantes que ha hecho que algunos pueblos de la comarca se queden completamente vacíos durante el invierno. Los que quedan son, en su mayoría, gentes de edad avanzada, al cuidado de algún familiar que no ha podido o no ha querido salir de su tierra. El relevo generacional se ha interrumpido y ya no nacen niños en los pueblos. Las puertas de las escuelas se van cerrando sin remedio y la de Acebedo cerró sus aulas el 23 de junio del año 2010. A todo lo anterior hay que sumar un sutil abandono por parte de las diferentes administraciones que van suprimiendo servicios esenciales y que, poco a poco, van dejando morir a los pueblos por la escasa repercusión de los votos que aportan.

A lo largo de las páginas de este libro desfilan la mayor parte de los hombres y mujeres que un día fueron protagonistas en el devenir del pueblo de Acebedo. Aquellos que nacieron, vivieron y murieron aquí y que nos legaron este maravilloso entorno. Aquellos que hicieron camino al andar, que diría Machado, que construyeron caminos y puentes donde no los había, que transformaron la arquitectura construyendo enormes edificios de piedra, recogidas una a una, mediante una práctica solidaria que llamaban "a carreto", aquellos que, en el año 1948, modificaron la estructura de la antigua torre para dotarla de grandeza y señorío, aquellos que construyeron un salto de agua para llevar la luz eléctrica a sus hogares, aquellos que hicieron posible el milagro del agua corriente en las casas cavando con sus propias manos las zanjas de la canalización a razón de un "varal" por vivienda, aquellos que consiguieron llevar a Acebedo el mayor logro en comunicación por entonces, el teléfono, aquellos que, al fin y al cabo, modelaron con sus propias manos, su esfuerzo, su solidaridad y su duro trabajo el Acebedo que hoy todos disfrutamos.

Este libro no pretende ser otra cosa que un humilde homenaje a la última generación de acebedenses que habitaron el pueblo la mayor parte del siglo pasado. Algunos de los cuales, afortunadamente, todavía disfrutan de su pueblo en estos primeros años del siglo XXI.

Fue, es, sin duda, la generación del sacrificio. Muchos tuvieron que custodiar a sus hermanos menores, luego les tocó criar y educar a sus hijos, más tarde cuidar y enterrar a sus padres y ahora, en muchos casos, atender y entretener a sus nietos.

Fue aquella la generación de las privaciones. Se privaron de todo porque no había de nada. Fueron víctimas inocentes en la escasez de la posguerra, compañeros de juegos infantiles en las majadas cuidando el ganado y blanco de la bárbara consigna de "la letra con sangre entra". Fueron rehenes, en definitiva, de su propia supervivencia.

Fue la generación del trabajo recio. Aprendían antes el oficio de pastor que el abecedario. A los diez años, cuando los niños de ahora solo piensan en los juegos digitales y los móviles de última generación, aquellos niños y niñas de entonces ya habían guardado muchas veceras de corderos y recogido muchos fardeles de gamones.

Pero no por ello dejaron de ser felices. Sabían divertirse, disfrutaban de los juegos autóctonos, desde el corro de la patata hasta el picalvo. En la escuela aprendían lo suficiente para defenderse en la vida, porque "España era así", como rezaba el título de uno de sus libros de texto. Fue una generación conformista porque, entre otras cosas, no tenían más remedio que conformarse.

Este libro comenzó a fraguarse el día que cayó en nuestras manos la primera fotografía que consideramos de interés. Sin embargo, ésta es una obra colectiva, pues nada hubiera sido posible sin el interés, la generosidad y la colaboración de las gentes de Acebedo. Nos cedieron sus fotografías, viejos tesoros, muchas veces en muy malas condiciones de conservación, y nosotros nos encargamos de escanearlas y restaurarlas para que se puedan contemplar en el estado que aquí se presentan. Por tanto, queremos dejar constancia de nuestro agradecimiento a todas las familias y a todas las personas que han permitido, con su generosidad, que este libro salga a la luz. No podemos nombrarlas una a una en tan reducido espacio pero si podemos ensalzar y engrandecer tal actitud de generosidad y desprendimiento. Gracias a todos ellos podemos contemplar con gran realismo a personas, familiares y amigos que hace tiempo que ya no se encuentran entre nosotros y constatar, de esta manera, que el tiempo no se detiene nunca y pasa igual para todos.

Conste también nuestro agradecimiento a D. Pedro Lueje que nos cedió generosamente todo el archivo fotográfico de su padre D. José Ramón Lueje Sánchez, a D. Alipio García de Celis y a D. Cayetano Cascos Maraña, del Departamento de Geografía de la Universidad de Valladolid, por poner a nuestra disposición las fotografías del Fondo Fotográfico Martín Galindo.

Como resultaba muy complicado dotar a este libro de una secuencia cronológica por el desconocimiento de las fechas en las que fueron obtenidas un gran número de las instantáneas, se ha estructurado la obra en bloques siguiendo una ordenación temática, con la excepción de las fotos correspondientes a D. José Ramón Lueje y a D. José Luis Martín Galindo, que constituyen capítulos independientes que sólo contienen fotografías de estos autores.

Sin duda alguna, la colección de fotografías de este libro constituye un documento etnográfico de primer orden. En él está retratado un pueblo entero, las personas, las familias, sus formas de trabajar, sus calles, sus ganados, sus fiestas y celebraciones. Un resumen completo de una forma de vida que el transcurso del tiempo va borrando lentamente de nuestra memoria.

Hemos querido nombrar a la gente por el apelativo cariñoso con que se llamó siempre en nuestra tierra a las personas cuando se hacían mayores: el "tío" tal o la "tía" cual, sin que ello suponga el más mínimo menosprecio hacia ellos.

Una de las mayores dificultades que hemos encontrado, ha sido la identificación de muchas de las personas que aparecen en las fotos. Así pues, entre los cientos de nombres que hemos barajado puede haber alguna laguna, e incluso más de un error. Por ello pedimos disculpas de antemano. Las gentes del pueblo identificarán, sin duda, a la mayor parte de las personas que aparecen en las fotos. Y para los forasteros tal aspecto carece totalmente de interés.

Enrique Martínez Pérez

Ángel Cimadevilla Díez

Acebedo 2014


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