Aquí va mi homenaje a los músicos y conjunteros (así nos referíamos en aquella época a los miembros de los conjuntos músico-vocales) de mi generación, en su mayoría chavales que apenas sabíamos tocar cuatro canciones y que fuimos capaces de aprender más y mejorar, organizarnos, preparar repertorios complejos, comprar instrumentos a plazos y ejercer con éxito como pequeños empresarios de nuestros proyectos musicales, sin habernos preparado nunca para ello.