Algún día comprenderemos que esta tierra no es de nadie pero que fueron muchos los que labraron sus perfiles hasta dejarla como es, una joya reluciente de hierba y de robles. Algún día sabremos rendir el adecuado homenaje a quienes hicieron lo que nosotros no sabemos hacer porque lo hemos olvidado: trabar corrobla con la naturaleza; esto es, alcanzar un trato justo, un apretón de manos sin papeles ni firmas de por medio. Tú me procuras el sustento y yo te cuido, te respeto, te hablo en tu idioma para que no caigas exhausta, para que no quedes esquilmada. Incontables generaciones calzadas de madreñas fueron fieles a ese pacto. Y su memoria olvidada clama por las noches, se enrosca en lo alto de las hayas, se enfurece como la cellisca cuando azota los pueblos dormidos. Algún día acertaremos a leer el libro que dejaron escrito aquellas gentes.Dígame usted los nombres de algunas peñas, de algunos montes de este valle… —La Pena, Traslapena, El Cabal de la Castiel.la, Las L.leras de la Gorbal.lera… pero casi nadie conoce ya estas palabras ni acierta a pronunciarlas bien. Y así, hasta que ese día llegue, hasta que nuestros ojos cansados vean llegar ese día luminoso, dediquémonos al menos a contar, lo mismo que ha hecho Manu Ferrero, las historias divertidas, las historias fascinantes, las historias terribles, las historias imposibles, de la gente de estas montañas.
Emilio Gancedo