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Gonzalo Bayón y Ursicino Sánchez coincidieron por primera vez en el cine-club Candilejas de León a finales de los años 70. Desde luego, en aquel lugar no era difícil hacer amigos, y ellos también se vieron afectados por aquella bendita epidemia. Ha pasado mucho tiempo desde entonces y, aunque su vida profesional discurrió por diferentes caminos (Ursicino se dedicó al mundo del video, mientras que Gonzalo lo hizo al mundo del comercio), nunca dejaron de colaborar en multitud de proyectos. Pero de todos ellos hay uno singular e irrepetible por el que ambos sienten el orgullo de las cosas que realmente merecen la pena hacerse en este mundo, y que se ha intentado describir en este libro.