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ISBN: 978-84-945267-0-1
Formato: 15,5 x 24 cms
Nº de páginas: 160
Encuadernación: Rústica
15,00€ IVA incluido
Precio con descuento: 14,25€ IVA incluido
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Tras la locura de la brutal guerra civil española, el odio, como un insecto devorador, se quedó en la médula misma de la sociedad y las instituciones sobre las que la sociedad tiene su apoyo y fundamento. Eliminar los últimos restos de la resistencia guerrillera fue una tarea complicada pero minuciosamente llevada a cabo por un Régimen amenazado por fuerzas interiores y exteriores. En la encrucijada moral de aquellos tiempos, un cura de aldea, un hombre justo, vive su fe cristiana hecha, más que nada, de caridad con todos, pero especialmente con los más débiles. Aunque alejado de banderías políticas, pagará cara su actitud. La vida de don Gelasio en una aldea leonesa perdida en la montaña sería así un episodio más de esa gran novela más amplia, no escrita, y titulada : «Un hombre debe morir».

Tras lalocura de la brutal guerra civil española, el odio, como un insecto devorador,se quedó en la mé­dula misma de la sociedad y las instituciones sobre las quela sociedad tiene su apoyo y fundamento.

Eliminar los últimos restos de la resistencia guerri­llerafue una tarea complicada pero minuciosamente llevada a cabo por un Régimenamenazado por fuer­zas interiores y exteriores.

En la encrucijada moral de aquellos tiempos, un cura dealdea, un hombre justo, vive su fe cristiana hecha, más que nada, de caridadcon todos, pero especial­mente con los más débiles; entre ellos, los residuosdel maquis de la partida de Sabero. Aunque alejado de bande­rías políticas,pagará cara su actitud. Su independencia de criterio le hace crítico con lasInstituciones religiosas y civiles y, naturalmente, tendrá consecuencias.

La vida de don Gelasio en una aldea leonesa perdida en lamontaña sería así un episodio más de esa gran novela más amplia, no escrita, ytitulada : «Un hombre debe morir».

La novela que por su dimensión puede incluirse en lacategoría de "corta" aborda un tema más profundo que ya trató Unamunoy que sigue siendo asunto de reflexión desasosegante dentro de la Iglesia: el sentido de lafe y el celibato. La fe que debe entenderse menos como cumplimento deactividades regladas que como caridad, y el celibato que parece un campo debatalla ideológica dentro de la propia Iglesia.

Lejos de la zozobra delexistencialismo cristiano, a lo Marcel, lejos de espiritualismo intelectual, elpárroco vive una fe sencilla en contacto familiar con el Cristo colgado de sucruz.

El carácter literario dela obra niega cualquier supuesto histórico. Se trata de una creación totalaunque aparezcan nombres que tienen soporte real en la vida del Valle.

Los personajes deconstruyen sobre todo en el diálogo. Don Gelasio, el cura, cuyo nombresignifica alegre o risueño conversa con el Cristo del altar de su Iglesia. ElCristo toma pues, una dimensión humana que parece corroborar el hecho de unahumanidad divinizada. El leit-motiv de la novela es el sonido de la carcoma,símbolo destructor, que está devorando la Iglesia y el propio Cristo que en cierta maneraes un alter-ego de sacerdote.

Tras la locura de la brutal guerra civil española, el odio, como un insecto devorador, se quedó en la médula misma de la sociedad y las instituciones sobre las que la sociedad tiene su apoyo y fundamento. Eliminar los últimos restos de la resistencia guerrillera fue una tarea complicada pero minuciosamente llevada a cabo por un Régimen amenazado por fuerzas interiores y exteriores. En la encrucijada moral de aquellos tiempos, un cura de aldea, un hombre justo, vive su fe cristiana hecha, más que nada, de caridad con todos, pero especialmente con los más débiles. Aunque alejado de banderías políticas, pagará cara su actitud. La vida de don Gelasio en una aldea leonesa perdida en la montaña sería así un episodio más de esa gran novela más amplia, no escrita, y titulada : «Un hombre debe morir».

Tras lalocura de la brutal guerra civil española, el odio, como un insecto devorador,se quedó en la mé­dula misma de la sociedad y las instituciones sobre las quela sociedad tiene su apoyo y fundamento.

Eliminar los últimos restos de la resistencia guerri­llerafue una tarea complicada pero minuciosamente llevada a cabo por un Régimenamenazado por fuer­zas interiores y exteriores.

En la encrucijada moral de aquellos tiempos, un cura dealdea, un hombre justo, vive su fe cristiana hecha, más que nada, de caridadcon todos, pero especial­mente con los más débiles; entre ellos, los residuosdel maquis de la partida de Sabero. Aunque alejado de bande­rías políticas,pagará cara su actitud. Su independencia de criterio le hace crítico con lasInstituciones religiosas y civiles y, naturalmente, tendrá consecuencias.

La vida de don Gelasio en una aldea leonesa perdida en lamontaña sería así un episodio más de esa gran novela más amplia, no escrita, ytitulada : «Un hombre debe morir».

La novela que por su dimensión puede incluirse en lacategoría de "corta" aborda un tema más profundo que ya trató Unamunoy que sigue siendo asunto de reflexión desasosegante dentro de la Iglesia: el sentido de lafe y el celibato. La fe que debe entenderse menos como cumplimento deactividades regladas que como caridad, y el celibato que parece un campo debatalla ideológica dentro de la propia Iglesia.

Lejos de la zozobra delexistencialismo cristiano, a lo Marcel, lejos de espiritualismo intelectual, elpárroco vive una fe sencilla en contacto familiar con el Cristo colgado de sucruz.

El carácter literario dela obra niega cualquier supuesto histórico. Se trata de una creación totalaunque aparezcan nombres que tienen soporte real en la vida del Valle.

Los personajes deconstruyen sobre todo en el diálogo. Don Gelasio, el cura, cuyo nombresignifica alegre o risueño conversa con el Cristo del altar de su Iglesia. ElCristo toma pues, una dimensión humana que parece corroborar el hecho de unahumanidad divinizada. El leit-motiv de la novela es el sonido de la carcoma,símbolo destructor, que está devorando la Iglesia y el propio Cristo que en cierta maneraes un alter-ego de sacerdote.

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