Al releer este pregón. siento todavía cómo apunta, sin avergonzarse de su menudencia y particularmente batallador, el componente esencial de las connotaciones éticas que trataron de sujetar sus líneas: la invitación a la concordia, a la compasión, y a la defensa de la conciencia ecológica que son intrínsecas a este pequeño manifiesto, tan festivo en apariencia como trató de hacerse humano en profundidad para los que recibieran sólo unas palabras sueltas, pero que ambicionó ser didáctico con los que escucharan alertados y pudieran percibirlo en su totalidad. Y tocar a rebato la campanita de la imaginación.