Le pregunté si es posible amar a dos personas al mismo tiempo. Al instante, ella me miró sin abandonar el silencio. Saboreó el café del desayuno sin prisas. Luego, buscó la manera de entretenerse pintando un óleo con mermelada de melocotón y mantequilla en una tostada de pan integral. Me respondió después de madurar las palabras, mientras contemplaba el misterio de los posos del café. Ella habló cuando le convino: “Tal vez, pero yo no podría”.